Esta vez me ha pillado “El Universo de Martina” sin los deberes hechos. Tenía una buena historia, muy adecuada además, para ayudarnos a respirar un poco en estos tiempos inciertísimos, donde cada día da más miedo asomarse a las noticias. Pero se me ha echado la semana encima y no ha podido ser.  La culpa la tiene el fin de curso americano que, como muchas cosas en Estados Unidos, también va por delante y da trabajo…

Hoy me desahogo. Se acabó. Ya no hay cole. Adivinad en qué lo noto más.¿En los niños en casa? ¿No hay deberes? ¿Es verano?  También, también, pero sobre todo en que no recibo esa lluvia de emails colectivos o individuales de  madres invitándome a participar en tres mil fiestas de fin de curso, a colaborar en cualquiera actividad,  reclamando mi aportación para las “giftcards” de las profesoras, los monitores de natación, de fútbol, de pintura…que hoy los niños vengan con traje de baño, que mañana con una camiseta que se pueda manchar, que pasado si puedo ayudar en un ensayo o a decorar…

 Me parece bien. Apoyo celebrar en comunidad que se acaba un curso más y agradecer al profesorado sus esfuerzos y dedicación. No tengo problema en  llevar a una fiesta la enésima ensalada de pasta que termina sobrando, como casi toda la comida…Todo es bueno, pero podría ser mejor si dosificaran los esfuerzos, las provisiones y las celebraciones. Desde luego, con lo que no puedo es con el bombardeo de correos electrónicos, esos en los que cada una o uno del grupo contesta a todos cuando en realidad sólo bastaría que lo hiciera con uno…ufffff  …¿Y  por qué los hacen tan laaaaargos?  Se extienden en el detalle y pierdo la paciencia porque tampoco es que estemos hablando de arreglar la economía en el Eurogrupo, por ejemplo.

 Se lo comentaba riendo a unas amigas. En estos últimos días, a veces he sonado al personaje de Charles Dickens en “Cuento de la Navidad”, al tal Scrooge que despotricaba de todo…Y como él, al final, termino convertida y abrazando el “American way of life”, también a la hora de celebrar el fin de curso y tan contenta.

Anécdotas y desahogos al margen, hay que reconocer que los padres  trabajan mucho para que el colegio sea mejor. Dedican su tiempo y  dinero. Creo que ya lo he contado en alguna otra ocasión.  Muchas madres lo compaginan con sus vidas profesionales, otras han decidido volcarse en ello y lo convierten en un trabajo más…sin remunerar.

Y hasta el próximo curso. Aquí el sistema, por lo menos en lo equivalente a Primaria, no tiene los temidos exámenes finales, más bien las últimas semanas sirven para disfrutar más del cole que sufrirlo con tensiones o nervios. El nivel de exigencia se va relajando, apenas hay deberes y los niños terminan diciendo:”qué pena que se acabe, si en realidad me lo paso mejor que en casa”.

Quizá sea una táctica más inteligente para que les queden ganas de volver. Lo que sí me gusta es cómo enseñan a los niños a expresar sus sentimientos. A dar un abrazo a la profesora antes de desearle feliz verano, incluso entregarle una tarjeta o una carta diciéndole lo importante que ha sido. Me gusta esa educación que parece pura espontaneidad, que huye de la timidez y de la falta de seguridad. Me gusta que todos los alumnos salgan a despedir a sus compañeros del último curso de Primaria que cambian de cole…

Y me quedo con la frase que eligieron los profesores para despedir a sus estudiantes :”si hicieramos todo lo que somos capaces de hacer, nos asombraríamos de nosotros mismos. Sed asombrosos” (Thomas Edison)

El cole volverá a finales de agosto. Consulto mi email y… ¿ahora qué?