aponfebuena

Pocos episodios son tan vergonzantes y miserables en la vida política como el vivido en Ponferrada el pasado viernes. Un tipo cuyo nombre ni quiero, ni pienso recordar acaba de finiquitar una tropelía moral y se abraza efusivamente a un compañero de partido antes de disfrutar de un manteo miserable donde protagonista y secundarios son corresponsables de la bajeza a partes iguales.       


El tipo en cuestión es el nuevo alcalde de la capital del Bierzo gracias al apoyo de la formación creada por un acosador sexual que cedió sus votos con el único animo de vengarse de su anterior partido.  Este último nombre si conviene recordarlo. Tanto como su pasado. Quien ha regalado al PSOE la alcaldía de Ponferrada se llama Ismael Álvarez y hace algunos años fue condenado por acosar sexualmente a una  compañera de partido y de consistorio.

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El “caso Nevenka” hubiera acabado con la carrera política del susodicho en cualquier país serio. Aquí no. En España, las cosas son distintas. Aquí un condenado puede crear otro partido y ponerlo al servicio de sus antaño enemigos reconvertidos en cómplices de un nuevo golpe a la Democracia.

El episodio de Ponferrada deja la sensación que el PSOE se ha convertido en una formación provinciana donde cada uno hace la guerra por su cuenta. Sin guía, sin patrón. Sólo así se entiende la dejación de funciones de una dirección nacional que sólo reaccionó a la tropelía después del “incendio” que su decisión provocó en las redes sociales. Una vez más, Rubalcaba y su rectificación llegaron tarde. Algo muy grave en cualquier político e intolerable en alguien que aspira -lejana utopía-, a presidir el gobierno de España.  ¡Qué vergüenza!

TONGO

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El combate comienza a recordar a esas peleas amañadas con 15 asaltos de tanteo permanente. En un rincón la cúpula del PP y en el otro su extesorero. Amago de golpes con cruce de demandas que esconden el deseo de ganar tiempo. Los populares han tardado más de un mes, se dice pronto, en presentar una demanda contra el autor de los papeles y contra la empresa del diario que los publicó. Ni una sola mención a Bárcenas no vaya a ser que se enfade y rompa las hostilidades de verdad. Al PP le interesa el intercambio ficticio de golpes porque es la única forma de evitar un KO mayúsculo .  Sabe que si  hay pelea de verdad, la cúpula del Partido no le dura un asalto al tal Bárcenas. Por algo le apodaban “Luis el cabrón”.  Cabrón con pintas les faltó añadir para definir a un tipo falto de escrúpulos y sobrado de  desparpajo. Demandar a su expartido por despido improcedente ya chocaba un rato. Hacerlo por acoso laboral roza de lleno el insulto a la inteligencia.  No deja de ser un nuevo aviso de un hombre cuyo futuro está más cerca de las rejas de una cárcel  que del idílico chalet lujoso en Baqueira .  A estas alturas de combate sólo una cosa une los caminos de Rajoy y de Bárcenas. Sólo la posibilidad de que se anulen las pruebas de la trama Gürtel les salvarán. Ambos lo saben y trabajarán  para ello.  Han pasado muchos años pero el recuerdo de la trama Naseiro está demasiado cercano.

 

LA ESPERANZA

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La esperanza se llama Pablo y se apellida Ruz.  Este juez de 37 años tiene en sus manos el caso de corrupción más grave en la historia de España. El tiempo, la investigación y su trabajo dirán si Bárcenas es o no un chorizo y si sus antiguos  colegas de partido son o no culpables. Pase lo que pase, la sensación que da este magistrado es que el caso está en buenas manos. No investiga sólo la trama Gürtel. No sólo investiga los “papeles de Bárcenas” . Él tiene en sus manos los dos procesos porque sospecha que entre uno y otro hay vasos  comunicantes. Algunas voces autorizadas aseguran que el “modus operandi” del extesorero del PP  fue similar al de Juan Antonio Roca durante el “saqueo de Marbella”. Buena señal. El juez que mandó a la cárcel al compañero de fechorías de Jesús Gil se llamaba Pablo y se apellidaba Ruz.

 

EL “FRIKISMO”

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La versión “friki” del poder ha podido verse estos días en todos los rincones de Venezuela. Mujeres desencajadas, hombres como armarios y  jóvenes  fornidos llorando al guía espiritual de la revolución bolivariana. El culto al hombre alcanzó su máxima expresión en una sociedad que glorifica a un golpista que alcanzó el poder en las urnas y se aprovechó  de la Democracia para destruirla. Todo se antoja surrealista, cutre y populachero en Venezuela.

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Un pueblo que jalea un cadáver que no ha visto y que se “traga” las mentiras del régimen que ni siquiera un niño medianamente informado creería, es un pueblo abocado a la pobreza material e intelectual. La metáfora de la miseria venezolana está en ese chándal cutre que pasea el delfín del comandante como símbolo de compartida austeridad.  Un chandal jaleado por los regímenes totalitarios que amenazan la convivencia. El chandal de Hugo Chávez heredado por Maduro  tiene las hechuras de los sátrapas de Irán, Corea del Norte, Cuba. Es el que pueden lucir los terroristas de las FARC y  de ETA.  Ese chandal, esa Venezuela es la que defiende la izquierda española más casposa y trasnochada. Apañados vamos si esa es la esperanza  y la alternativa a PP y PSOE.