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Ha pasado un año desde que abdicó el rey Juan Carlos. Repasamos qué ha cambiado y qué no ha cambiado con el nuevo rey.

“Una monarquía renovada para un tiempo nuevo”. Fue el compromiso del rey Felipe VI el día de su proclamación en el Congreso de los diputados tras la abdicación de Juan Carlos I. Ha pasado un año en el que hemos podido comprobar cómo algunas cosas han ido cambiando.

En estos meses se ha avanzado en transparencia. Todo empezó con la publicación de las cuentas de la corona y los sueldos reales. En el apartado regalos recibidos también ha habido cambios, con Felipe VI ya no se aceptan ni se admite que las infantas puedan trabajar en una empresa privada. Esta medida ya no afecta ni a Elena ni a Cristina ya que, con la nueva remodelación, han dejado de formar parte de la “familia real”. Este ha sido uno de los cambios radicales que traído Felipe VI a la corona.

El trato que recibe la iglesia o los asuntos religiosos también ha sufrido alguna modificación. Mientras el rey Juan Carlos, en algunos discursos, invocaba a Dios, el reinado de Felipe VI se estrenó sin misa y sin crucifijo. Este último ha pasado ya a ser opcional hasta en las juras de ministros en el Palacio de la Zarzuela.

Se han percibido también cambios de enfoque en el tema catalán. El discurso del rey Juan Carlos se podría considerar más agresivo contra los movimientos soberanistas. Su lenguaje más tradicional, apelando a la “unidad”, término que suele esquivar el rey Felipe siempre partidario de emplear mensajes conciliadores como: “lo que nos une”, “no somos rivales los unos de los otros…”. Felipe VI no dudó en hablar de “legítimas aspiraciones” en su primer discurso pronunciado en Girona como rey. Lo dijo, además, en un catalán bastante bien pronunciado. Cambios también entre los invitados a palacio. La nueva pareja real ha abierto las puertas a grupos habitualmente excluidos. Con Don Felipe y Doña Letizia, los gays entraron como invitados en una de las primeras recepciones en el Palacio del Pardo.

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Las formas también han evolucionado y se han modernizado, por ejemplo, ya no se anuncia con toda la pompa la entrada del rey en el salón de audiencias. Ahora es Felipe VI quien espera al invitado. La forma de comunicar introduce cambios. La corona se ha volcado en las redes sociales con actividad diaria en Twitter donde suman ya más de 200.000 seguidores.

Pero hay cosas que no cambian. Ahí está la primera visita oficial de presentación a otro país, como siempre, fue al Vaticano. Se mantiene la tradicional visita a las tropas españolas desplegadas en el extranjero. El guiño a los militares se escenificó el mismo día de la proclamación del soberano. Felipe VI se proclamó rey vestido con el uniforme de capitán general. En el Congreso, y fuera del Congreso, hubo voces que no lo entendieron.

Y otros pequeños detalles que tampoco cambian. El apoyo a la fiesta taurina, con la presencia de Don Felipe en una corrida en las Ventas, pese a que el monarca no comparta la afición por los toros que sí tiene su padre. Se mantiene el viaje de cooperación humanitaria que siempre corresponde a la reina. Antes fue Sofía, ahora es Letizia la que carga su agenda de temas sociales.

Lo que es trasversal a las dos etapas es un problema, una herencia, que se sigue llamando Cristina. Es la asignatura pendiente. Reinando su padre se la imputó. Reinado su hermano se la juzgará.