David respiraba, daba pataditas y disfrutaba de la mejor banda sonora del mundo, los latidos de su madre.  Nada parecía ir mal hasta que la inteligencia, la intuición y sobre todo la preparación de una doctora de un pequeño centro de salud permitieron dar un diagnóstico terrible pero capaz de salvarle la vida.


Martina tenía cinco meses cuando tuvo que entrar en aquella habitación llena de luz y personas vestidas de verde que hablaban en tono cariñoso mientras una “nana” de fármacos la llevaba a un profundo sueño. Para David fue más complicado. Alguien rompió la placidez de su vida intrauterina. Era un feto de 26 semanas cuando especialistas de los hospitales Sant Joan de Déu y Clínic de Barcelona se atrevieron a ser los segundos en España que realizaban una intervención tan complicada.


No es una frase hecha, era cuestión de vida o muerte. La ginecóloga de la madre, que por cierto merece que digamos su nombre Neus Alsina del ambulatorio de Mataró, se dio cuenta de que  David padecía una estenosis de la válvula aórtica, un estrechamiento de la válvula que conecta el corazón con la aorta. Verlo no es fácil si pensamos que el corazón en ese momento tiene el tamaño de una avellana. Pero ella lo percibió en la ecografía de las 20 semanas. Se dio cuenta porque había hecho seminarios sobre cardiopatías y se apresuró a comunicar sus temores a un gran hospital. 





Las malformaciones congénitas no tienen explicación, es el azar el que castiga. Los padres de David no tienen antecedentes y la madre ni siquiera ha cumplido 30 años. El feto pesaba 800 gramos cuando le operaron en la semana 26, ahora David ya tiene siete meses y medio y es un bebé feliz que algún día conocerá por qué fue noticia. De una muerte casi segura a VIVIR. Tendrá que acudir a revisiones y es posible que tenga que ser sometido a otra intervención pero llevará una vida normal (no será campeón del mundo de 100 metros valla pero la mayoría del planeta nos conformamos con menos).

En España hay 40 casos como el suyo al año. Hay familias que no tienen cerca un gran hospital y se ven obligadas a trasladarse a otras ciudad.  El sistema público de salud cubre los gastos de hospitalización pero son estancias largas y hay padres a los que no les sobra el dinero que, incluso, se ven obligados a dejar de trabajar. Y todo soportando un desgarro difícil de explicar.




Hay asociaciones que ayudan a esas familias como www.menudoscorazones.org ó www.corazonyvida.org  que merecen que les echemos una mano.



A los padres de David un abrazo enorme porque sabemos cómo se paralizan los músculos y resuenan “martillazos” en las sienes cuando un médico te dice que tu hijo está en peligro. Y para David, que está guapísimo, un lugar en “El Universo de Martina” o por decirlo de otra forma, un billete para un futuro que para ellos pudo no existir.