El titular ya sobrecoge: “Una pareja abandona a u hijo, gestado en un vientre de alquiler, porque tenía síndrome de down”. Hay noticias difíciles de digerir y la de Gammy es una de ellas.  En esta historia de tres mujeres, un hombre y dos niños cabe toda la grandeza y la miseria del ser humano.

 

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La mujer que cedió su cuerpo para que Gammy se formara, que no aportó su ADN pero sí su sangre y después sus cuidados, ha “decidido” amarle para siempre. Podría no haberlo hecho, tiene 21 años y otros dos hijos y por supuesto no cuenta con recursos para cuidar a un bebé con problemas de corazón y aprendizaje. Ni siquiera el dinero que cobró por gestar al pequeño cubre los gastos. No me gusta el blanco o negro ni me atrevo a juzgar a la pareja que decidió abandonarle pero es difícilmente soportable la imagen de unos padres que sacan de la cuna a uno de sus hijos y rechazan al otro. Muchas  parejas australianas viajan a Tailandia para contratar madres de alquiler. En este caso la mujer tenía 50 años así que sus óvulos no eran viables. Gammy nació gracias a los gametos de una donante y del hombre de la pareja y el embrión se transfirió al útero de la otra mujer, la que se ha convertido en mamá de Gammy.

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En Australia este caso ha supuesto un puñetazo en muchas conciencias. Parece que la pareja australiana supo durante el embarazo que uno de los fetos tenía síndrome de down y solicitó un aborto selectivo. Me parece absolutamente comprensible si no fuera por el enorme detalle de que en Tailandia el aborto NO es legal algo que  deberían haber tenido en cuenta a la hora de elegir el país en el que buscar una madre subrogada. El gobierno de Australia estudia conceder la nacionalidad al pequeño, que ahora tiene siete meses, y hacerse cargo de los gastos médicos. En España los vientres de alquiler no son legales y yo tengo dudas sobre cómo regularlo correctamente. Me temo que en la actualidad se ha convertido en una fórmula de “comprar” a mujeres pobres para hacer realidad los deseos de mujeres pudientes. La India está llena de instituciones en las que decenas de jovencitas gestan fetos de parejas occidentales. Habría que asegurarse de que quien quiere ayudar a otra pareja a tener un hijo pueda hacerlo por solidaridad y no únicamente por dinero.