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Gusta o disgusta. En esto, como en todo lo que tiene que ver con la imagen, hay tantas opiniones como personas. El flequillo de Michelle Obama no deja indiferente, ha sido tema de debate en medios y redes sociales  y hasta se lo han preguntado en una entrevista. “Es por la crisis de la “midlife” bromeó. Quizá es también ésa, la causa de sus últimas “show-apariciones” que han despertado comentarios y más de una crítica sobre si la primera dama se está exponiendo demasiado…

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El momento “aparezco en los Oscars” fue una auténtica sorpresa. Bien conseguida y después cuestionada. Al principio pensé que era un saludo grabado al mundo del cine, al que por cierto, tanto deben por las generosas donaciones  a la campaña electoral.  Pero cuando abrió el sobre del premio a la mejor película, me divirtió. No pude evitar imaginarme qué hubiera pasado si algo así ocurre en los Goya y conectan, por ejemplo, con La Zarzuela para que la princesa de Asturias entregue un premio. Impensable de momento. Nos queda mucho aún para que este tipo de  sorpresas se tomen con respeto y  sin demasiada polémica.

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A la primera dama americana también le ha caído lo suyo por esta audacia. Dentro y fuera del país (la foto de la censura iraní tapándole hombros y escote). ¿Se expone mucho en asuntos no relacionados directamente con sus funciones de esposa del presidente? ¿Está cayendo en cierta frivolidad que eclipsa sus obligaciones?  A Michelle la hemos visto figurar e interpretar otros papeles más distendidos e informales, lejos del rigor del  protocolo. Ha participado en una serie juvenil, ha bailado a ritmo de hula-hoop, ha hecho campaña pidiendo el voto a toque casi de sirena, ha entrado con soltura al humor y a las bromas en las entrevistas de los “late-night”. En fin, ha demostrado estilo, ritmo, gracia y mucha naturalidad, ¿demasiada?.

Antes de los Oscars, fue muy comentada también su actuación con el presentador Jimmy Fallon en un baile, “Evolution of Mom Dancing”, que pretendía ser otra forma más de animar a las familias a tener vidas activas y sanas, dentro de su campaña “Let’s Move On” que cumple ya tres años. Pero no sé si chirría un poco tanto espectáculo. Mirad.


¿Que sensación os da? Me encanta que una primera dama se relaje y cambie de chip de vez en cuando. Se atreva a hacer otras cosas que le acercan más a la gente, la hacen  más humana y divertida. Pero no sé. Quizá esté cerca del límite. No porque esté mal. Más bien es por cierta saturación. Percibir que ha llegado el momento de hacer otras cosas. Me puso sobre esta pista, un artículo en el que sugerían a Michelle Obama dar un paso más aparte de su campaña contra la obesidad. Aprovechar su propia experiencia para ayudar a los jóvenes a crecer con una vida sana y otros talentos.

Instituciones como el Congreso Nacional de las Mujeres Negras esperan, en estos cuatro años, un mayor compromiso de la primera dama para impulsar que las mujeres, sobre todo las jóvenes afroamericanas, puedan acceder a la mejor educación y desarrollarse como profesionales capaces de competir en esta economía global.

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Quién mejor para hacerlo que quién ha pasado por ello. Descendiente de esclavos, Michelle pertenece a una familia del sur de Chicago. Su padre, empleado en una planta de agua. Su madre, secretaria. Vivían en un apartamento donde ella y su hermano tenían que dormir en el salón. Terminó licenciándose en las prestigiosas universidades de Princeton y Harvard. En Sociología y en Leyes.  Su tesis “cum laude” fue, precisamente, sobre la educación y la comunidad negra. Trabajó en el gabinete del alcalde, ejerció en un bufete de abogados (donde conoció a Barack)  y fue también trabajadora social volcada en el acceso a la educación de las minorías.

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¿Ha llegado el momento de hacer algo más de lo que ya hace?

Michelle Obama continúa con su agenda de primera dama, apoya a los militares y a sus familias, participa en los actos oficiales y está al lado del presidente. Supera en nivel de popularidad a su propio marido y no cabe duda de que ha traído otro estilo a la Casa Blanca. Ahora, el temor de algunos es si se le está yendo de las manos el control de su propia imagen. Si el espectáculo, la broma, el baile o la frivolidad van a ser lo único que al final quede. Espero que no.

Difícil equilibrio para una personalidad que alimenta tanto interés. Con flequillo o sin él.