planeta1Enrique IV de Navarra dijo en el siglo XVI aquello de “París bien vale una Misa” para poder reinar en Francia como Enrique IV después de convertirse al catolicismo y abandonar el protestantismo. Pues un premio Planeta también vale una misa en términos metafóricos, entiénndame: por los 601.000 euros que se lleva el ganador yo me hago budista, jugadora de veisbol, top model o torera. Pero claro, antes tendría que escribir una novela y que sea medianamente decente. ¿A qué viene esta declaración de intenciones? Pues a que ayer se presentaron los últimos ganadores de este millonario galardón: “Hombres desnudos”, de Alicia Giménez Barlett, y “La isla de Alice”, del director Daniel Sánchez Arévalo. No he tenido tiempo de leerlos, recién están salidos del horno, pero intuyo que ambos me van a gustar, quizás porque sus títulos son sonoros, quizás porque conozco la literatura de la primera y el cine del segundo y las dos cosas me interesan o quizás porque este año toca que me gusten. Hago este matiz porque 63 años de planetas, idea del pionero José Manuel Lara, han dado para muchos títulos, sí, muchos buenos, pero también los ha habido malos (e incluso muy malos). Como glosar todos sería una condena para quien lea esto, he seleccionado diez de los que más me llenaron, incluyendo alguno de los finalistas.

Aunque, ya saben, para gustos, los colores…planeta-2

El Mundo, de Juan José Millás (2007), mi favorito sin duda. Su biografia sin más, pura literatura, puro Millás, pura delicia.

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No digas que fue un sueño, de Terenci Moix (1986)el más vendido en la historia de Planeta, con un millón de ejemplares. Un retorno al mundo faraónico que marcó la existencia de Moix.

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El fulgor y la sangre (finalista, 1954) de Ignacio Sánchez Ferlosio, la espera y el desamparo en un ambiente claustrofóbico. Un clásico con todas las letras. Quedó a un solo voto del ganador que fue…

Pequeño Teatro (ganador, 1954) de Ana María Matute. Con este libro sobre seres humanos que son como títeres al arbitrio de su destino, nació mi amor incondicional por esta escritora inmensa.

Queda la noche, de Soledad Puértolas (1989). Viaje al corazón de la India y de los sentimientos.

El baile de la victoria, de Antonio Skarmeta (2003), un preso en el Chile de la amnistía política se cruza con una bailarina a la que se rinde, un encanto que Fernando Trueba llevaría luego al cine.

La marca del meridiano, de Lorenzo Silva (2012), una reflexión sobre el eje Madrid-Barcelona en una trama más de sus personajes conocidos Bevilacqua y Chamorro.

Riña de gatos, de Eduardo Mendoza (2010), el humor y la agilidad literaria de este escritor catalán en el Madrid de 1936 a la búsqueda de un cuadro de arte.

Te di la vida entera, de Zoé Valdes, (finalista 1996), el amor, el humor y por supuesto, el erotismo, con acento cubano.

Lituma en los Andes, de Mario Vargas Llosa (1993), no es la mejor obra del peruano, pero sí un baño en la cara más mísera de su país, la otra cara de la opulencia incipiente con el fujorismo.planeta5

De los que no me gustaron nada… hablaremos otro día. Hoy toca elogiar y exaltar estos galardones que mueven millones de euros y también de lectores. Y esto siempre es bueno. Vuelen hasta el planeta que más les plazca. Hay 126 satélites esperando.