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El hombre de la sonrisa casi perfecta devuelve la esperanza al PSOE. Pedro Sánchez, el candidato moldeado en tiempo récord por el “aparato” de Ferraz con la inestimable ayuda de José Bono, afronta la misión casi imposible de devolver el poder al Partido Socialista. Su triunfo es la victoria del sector más centrado de una formación que seguirá garantizando una visión de Estado que dará estabilidad a la Corona y que no romperá el bloque anticonsulta forjado con el PP.
Sánchez tiene motivos para estar contento porque en un puñado de semanas ha pasado de ser un completo desconocido a colocarse en la primera línea de un Partido llamado a gobernar en el medio plazo. Sin embargo, no debe olvidar que está donde está gracias a la todopoderosa Federación andaluza y a su líder, Susana Díaz, que parece mover, desde Sevilla, los hilos del partidos. No debería olvidar, por tanto, que mientras se consolida su silla seguirá caliente.

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A la vista del resultado, resulta obvio que el empeño de parte de algunos barones de facilitar los avales al tercero en discordia, Pérez Tapias, estaba justificado. Fue una estrategia decisiva que Eduardo Madina lamenta porque ese 15 por ciento de votos que parecían suyos se han escapado finalmente a la izquierda de su candidatura. Empieza hoy una n hueva ertrpa en el PSOIE donde todos, Sánchez , Madina, Tapias y barones más o menos poderosos, tendrán algo que aportar. Ojalá lo hagan sin recelos, desconfianzas y odios ocultos. Por el bien de todos.

 

DE JUECES PREVARICADORES

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Hay sentencias que rozan la prevaricación y otras que en culto castellano o en roman paladino son simplemente delito. Desconozco en qué apartado se puede ubicar la absolución de los 19 cafres que participaron en el asalto al Parlamento de Catalunya pero sospecho que algo no va bien cuando dos de los tres jueces que firman la sentencia justifican , amparan y hasta fomentan la agresión, el insulto, la amenaza y la humillación como forma de libertad de expresión. La sentencia absolutoria supone un insulto a la inteligencia, una puñalada a la convivencia y una vil agresión al sentido común. La llegada a las instituciones del chavismo más demagogo y radical es un serio problema. La presencia de ese chavismo en los tribunales y en sentencias como las firmadas por Manuela Fernández de Prado y Ramón Sáez Valcárcel es un verdadero drama para la Democracia. Hay que vivir en otro mundo, en otra España, en una especia de nube para justificar la infumable sentencia con peregrinos argumentos.
“Cuando los cauces de expresión y de acceso al espacio público se encuentran controlados por medios de comunicación privados, cuando sectores de la sociedad tienen una gran dificultad para hacerse oír o para intervenir en el debate político y social, resulta obligado admitir cierto exceso en el ejercicio de las libertades de expresión o manifestación si se quiere dotar de un mínimo de eficacia a la protesta y a la crítica, como mecanismos de imprescindible contrapeso en una democracia que se sustenta sobre el pluralismo, valor esencial, y que promueve la libre igualdad de personas y grupos para que los derechos sean reales y efectivos, como enuncia la Constitución”.
Se quedan anchos estos dos jueces que han logrado lo imposible al poner de acuerdo a Fiscalía, Parlament de Catalunya, Gobierno de la Generalitat, Gobierno central y partidos políticos. El anunciado recurso a la sentencia era obligado para que otros jueces menos ideologizados hagan bien su trabajo ajenos, por ejemplo, a la irresponsabilidad de quien aspiraba a liderar el PSOE y veía con buenos ojos la sentencia absolutoria.