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Ha llegado. Es la semana de la vuelta al “cole” y a mi lo que me apetece es que haya una REVUELTA SOCIAL. Deberíamos salir a la calle a protestar contra todos los políticos que, legislatura tras legislatura, dan la espalda al consenso para transformar la Educación en un pilar de este país. Es el curso de la Ley Wert -la séptima en tres décadas- que no gusta a nadie en el sector y que cada comunidad autónoma aplicará a su manera. Una norma que dará paso a otra, si cambia el gobierno, y que vuelve a dejar claro que HACE FALTA UN PACTO POR LA EDUCACIÓN.

 

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El sistema no funcionará si no hay acuerdo para modernizar un sistema caduco, anclado en el pasado, que ignora asignaturas necesarias para los trabajos actuales ¿Cómo es posible que las nuevas tecnologías sigan siendo un reto y no una realidad? ¿Cómo se explica que los niños no sepan hacer presentaciones? ¿Cómo es posible que en España aún no se enseñe a los alumnos a hablar en público o a debatir como en la mayor parte de los países desarrollados? Los alumnos españoles que viajan a Estados Unidos se sorprenden de la capacidad de sus compañeros para hacer presentaciones de manera amena y atractiva ¡Sin miedo a hacer el ridículo!. No es casualidad que sepan hablar en público, están entrenados desde muy pequeños gracias a la importancia que los colegios dan a la asignatura de Oratoria, lo que ellos llaman “Speech and Communication”. Fijaros, aunque no entendáis inglés, en este chaval de 10 años de un colegio público de Estados Unidos, uno de los mejores en oratoria de su distrito.

La mayoría de las grandes empresas reconocen que en muchos casos los recién licenciados no les sirven sin un plan de formación diseñado por ellos mismos, porque las universidades españolas también tienen que mejorar para estar al menos entre las 100 mejores del mundo. Los profesores hacen lo que pueden para compensar el desastre político pero su profesión también debería sufrir una revolución. Más exigencia en una carrera que en algunos casos ha sido infravalorada y a la que se accede con notas bajas, hay que reconocer la vocación y la preparación para la docencia con más sueldo porque la Educación marca el futuro de los países. Un estudiante japonés de secundaria tiene hoy los mismos conocimientos que un graduado de universidad español, según la OCDE. on una tasa del 21,9% que dobla la media comunitaria. Japón lo descubrió en el siglo XIX. Kido Takayoshi, el ministro de educación del emperador japonés Mutsuhito y uno de los impulsores de la reforma educativa japonesa. Explicó la necesidad de su plan asegurando que sus ciudadanos no eran inferiores a los americanos o los europeos, excepto en que no disponían de la misma determinación para educar a su población.

 

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