Se llamaba Tariq y era un adolescente que se ganaba la vida como vendedor ambulante. Desesperado por la miseria y  por la falta de libertades decidió quemarse a la “bonzo”. El segundo protagonista se llamaba José Miguel y malvivía como librero. Se quitó la vida horas antes de quedarse sin casa. La primera historia ocurría en Túnez a principios de 2011. La segunda en Granada esta misma semana. La muerte de Tariq originó la conocida como primavera árabe. Un movimiento que acabó descabezando a varios sátrapas y dictadores antes de diluirse en nuevos regímenes tan totalitarios y decepcionantes como los anteriores. La muerte de Tariq, al menos, sirvió para remover conciencias y movilizar a sociedades hartas de tanta injusticia.

El caso de José Miguel no es equiparable en términos políticos, es evidente que España disfruta de un ejemplar sistema de libertades,  pero  sí en los sociales. José Miguel es el símbolo de la miseria, de la derrota, del desastre. El símbolo de una sociedad hipócrita e injusta donde el banco que le dejaba sin techo puede caer en la desfachatez de emitir un comunicado lamentado  su muerte. La sociedad que se encamina a los seis millones de parados no puede permitir el desahucio de miles de familias víctimas de una crisis económica provocada por los mismos bancos que les dejan sin hogar. Es intolerable que cada español pague miles de euros para rescatar a las mismas entidades que han provocado la virtual quiebra de todo un país y que además dejan sin casa a los más desprotegidos. Urge un cambio de legislación y de actitud antes de que se repitan otros casos como el de José Miguel que pueden desembocar en una estallido social absolutamente descontrolado.

CONFUCIONISMO

Supervisor de nubes decía. Era la aspiración de futuro de un presidente del Gobierno que estaba a punto de dejar de serlo. Me pregunto que estará pensando, entre nube y nube, el hombre que heredó un gran país y lo dejó hecho una piltrafa. Sospecho que el premio Confucio, recibido por José Luis Rodríguez Zapatero, esta misma semana no le va compensar una retahíla de sinsabores y decepciones. Que el presidente Obama diga que no quiere seguir el ejemplo de España por reaccionar tarde y mal al estallido de la burbuja inmobiliaria es un directo a la frágil mandíbula del leonés. Un golpe tan duro como el que propinan otros dirigentes socialistas  espantados por las secuelas del “zapaterismo”. Cunde el desánimo en el seno del PSOE por el lastre que les deja un político irresponsable  que llevó a España a la crisis y que incendió el debate soberanista con su promesas incumplidas en Catalunya. De aquellos barros, estos lodos.

Difícil lo tiene un PSOE en manos de quien fue guardia de corps de Zapatero. O Rubalcaba no se entera o no quiere enterarse. Es muy complicado ser alternativa de Gobierno cuando el liderazgo está en manos de alguien tan marcado con el deprimente pasado. Rubalcaba tiene una misión sólo al alcance de los dioses y que se sepa no está tocado por la vara divina. Nació en Cantabria pero el personaje de quien desesperó a Roma le viene grande. No es Corocotta. Ni cortó con el pasado ni imaginó un futuro brillante. Optó por rodearse de personajes mediocres, -Elena Valenciano, Óscar López y Soraya Rodríguez-, para iniciar un viaje de derrota en derrota hasta el caos  final. Que la alternativa al líder del PSOE sea un político salpicado por el mayúsculo escándalo de los falsos ERE, José Antonio Griñán, es otra señal evidente del imparable proceso autodestructivo iniciado hace varios  años por un Partido esencial para la convivencia, la estabilidad y el desarrollo de España. Por el bien de ellos, por el bien de todos, que tomen nota. Urge.