No voy a decir que la Princesa de Asturias viste mal, eso no es cierto. Doña Letizia ha demostrado, cuando lo ha tenido que hacer, que sabe ser elegante y que si tiene que estar a la altura lo está. Así fue en su primera gran prueba. Era el 15 de mayo de 2004, una semana antes de su boda. Nos dejó a todos boquiabiertos al acudir al enlace de Mary y Federico de Dinamarca con aquel vestido rojo de Caprile. Algunos, a toro pasado, han dicho que era demasiado, que parecía una estrella de Hollywood… ¡Pamplinas! Estaba increíble. ¿Que ha ocurrido desde entonces hasta una de sus últimas imágenes de Palma?



Pues que hemos perdido el estilo, eso es lo que ha pasado. No lo tenemos claro y la Princesa anda missing entre el universo de las tendencias, los consejos de buenas amigas con gustos terribles y los comentarios de los medios de comunicación.

Muchos aseguran que doña Letizia tiene un cuerpo para ponerse lo que quiera, y eso, tampoco es así. La esposa de don Felipe es delgada, muy delgada, y eso para vestirse es tan difícil como ser gorda, muy gorda. Ir perfecta cuando tienes que disimular huesos es tan difícil como hacerlo para disimular michelines, y muchas veces lo hace perfecto y otras no. Si no mirad esta foto, los dos trajes en rojo, los dos de Varela. El de la falda abullonada le queda maravilloso. El del fruncido en el pecho, desastre total.



Creo que el problema es que, en realidad la moda, a la Princesa no le interesa. ¿Eso es posible? Si, debe serlo, para mí es completamente incomprensible, pero puede ser que alguien sufra esa terrible enfermedad. Es la única explicación a algunos looks como el bautizado como “la gallina caponata” (primero de la derecha) el “mix imposible” (centro) o el “hay que ir con vestido pero yo paso olímpicamente del protocolo” (izquierda).



Pero no todo es malo, muchas veces acierta, y entonces nadie dice nada. Es verdad, es mucho más fácil criticarla, decir que viste fatal, decir que compararla con Rania de Jordania es comparar el jamón de Jabugo con el chorizo de Cantimpalo. Pues no, porque la reina Jordana gasta mucho mucho dinero de un país que no lo tiene para lucir Yves Saint Laurent, Gyvenchi (la falda de Alta Costura que llevo en la boda de los Príncipes de Asturias cuesta más que mi casa) o Gucci, mientras que doña Letizia viste made in Spain, low cost o no tanto, lo digo por los que estén pensando en las Pretty Ballerinas del otro día, a 500 euros el par.


Es verdad que – cómo me acusan algunos- soy “cortesana” y tengo “síndrome de Estocolmo” por las horas que me dedico a escribir sobre ella, pero he de decir que, en ocasiones, cuando la veo entrar en un acto pienso:


- ¿Es que no hay espejos en Zarzuela?


Entonces mando mi c.v al email de “ofertas de empleo” de la web de Zarzuela por si en realidad lo que necesita son los servicios de una “fashion victim” adicta a las revistas (corazón y femeninas) que le aconseje de verdad.