Es salvaje pero real como la vida y la muerte. La buena noticia es que ¡por fin! se da el primer paso para que los padres que no se tomen en serio la seguridad de sus hijos, además de terminar en la cárcel, se queden sin su custodia. Lo siento, pero no hay excusas para que los niños vayan en el coche sin cinturón o sin sillita de  seguridad. La Fiscalía de Seguridad Vial va a por ellos.

La fotografía resulta muy reveladora. Una madre en Estados Unidos deja a su bebé suelto en en el asiento en pañales y prefiere sujetar una bombona de gasolina. Es un caso extremo que demuestra que la normativa debe ser más dura.  Y  si a alguien le parece exagerado que piense en los niños muertos o heridos muy graves. En España la fiscalía toma esta decisión en base a un estudio pionero sobre siniestralidad infantil que analiza los accidentes que llegan a los juzgados. Ha revisado 67 accidentes con 68 víctimas mortales. En 2010 murieron 79 niños, el 46% viajaba sin sistema de retención, otro 18% lo llevaba mal colocado y sólo el 30% lo utilizaba de forma correcta.

 Según la fiscalía la mitad de esos críos que se dejaron la vida en la carretera habría sobrevivido si sus padres les hubieran protegido. Y lo peor de todo viendo caso por caso muchos de los pequeños mueren en el regazo de sus madres que terminan aplastándolos o que no pueden impedir que salgan disparados por una ventanilla.

 Según datos de la Fundación Mapfre la mayoría de los niños fallece en viajes por motivo de ocio, en día festivo o vacaciones y en los meses de verano, lo paradójico es que casi siempre el accidente se produce a menos de 50 kilómetros de distancia del domicilio familiar. Casi siempre son salidas de vía por culpa de una distracción y en el 90% de los casos, con resultado de muerte, en una carretera de doble sentido.

Esa es la radiografía dramática y estoy segura de que ningún padre quería hacer daño a sus hijos, pero basta ya de tanta irresponsabilidad. Da igual que el trayecto sea corto o que hace 30 ó 40 años los que éramos niños fuéramos sueltos en el asiento de atrás. Nuestros padres también fumaban como carreteros con los bebés en brazos y ahora resulta casi inimaginable. Somos humanos y podemos distraernos. Los accidentes son eso, accidentes. Según la Real Academia de la Lengua, un “suceso eventual o acción de que involuntariamente resulta daño para las personas o las cosas”. Pero sí está en nuestras manos ser prudentes y proteger a seres indefensos que no tienen voluntad ni conciencia para asegurar su integridad. Así que todo mi apoyo a la Fiscalía y que no muera ni un niño más sobre el asfalto.