Reconozco que el vídeo da un poco de angustia pero a mi me parece una buena idea. Sobre todo porque este fin de semana Martina decidió que las piscinas son irresistibles y que lo mejor es acercase mucho, demasiado, al bordillo para poner a prueba los reflejos de los adultos.

Lo curioso es que Martina cayó al agua pero se quedó quieta flotando y ni siquiera lloró, claro que sólo fueron unos segundos, el tiempo que tardó su padre en lanzarse a por ella. Pero volviendo a esos métodos que convierten a los bebés en “flotadores” hay otro vídeo que me ha llamado la atención. No parece tan complicado conseguir que los “peques” se sientan a gusto “tumbados” en el agua. Basta tener paciencia y dejar que el miedo inicial se transforme en relajación.

Lo mejor de todas maneras es que les enseñe un experto. La piscina es diversión pero también peligro en potencia. Así que no está de más tomar otras precauciones. Hay todo tipo de artilugios que sirven de alarma anticaída. Basta que un “objeto” se precipite al agua para que suenan sirenas. De todas formas la ley obliga en casi todas las comunidades autónomas a poner vallas de protección para evitar tragedias. Hay muchas empresas y muchos modelos.