Alguien miente o ha hecho mal su trabajo. Dos alternativas insanas  para cualquier Democracia de un Estado de Derecho que se precie. Mienten los médicos  que avalaron el informe del etarra Bolinaga o falta a la verdad la forense que remitió su opinión a la Audiencia Nacional. Cuesta creer que lo que para unos es blanco para otros cambie radicalmente de color. Los primeros -los médicos del País Vasco-, determinaron que el asesino de tres guardias civiles y torturador de Ortega Lara padece un cáncer incurable que acabará con su vida en menos de un año con casi total probabilidad. Aconsejaban, por tanto, que el terrorista saliera de la cárcel para seguir su tratamiento. No parece que estén muy orgullosos de su valoración cuando ni siquiera tuvieron la decencia de firmar su informe de forma individual.

Optaron por la rúbrica colegiada en nombre de un equipo médico. La fórmula apropiada cuando se trata de evitar exponerse a la opinión pública si las cosas no son del todo transparentes. Sólo la diligencia y valentía del fiscal de la Audiencia Nacional -una china en el zapato del Gobierno-, destapó el supuesto fraude médico. Ni había historial clínico, ni el diagnóstico lo firmaban facultativos colegiados con nombre y apellidos.  O mienten ellos o lo hace la forense de la Audiencia Nacional con un segundo informe contundente  y bastante clarificador. Carmen Baena concluye que el carcelero de ETA no está en una situación terminal y, sobre todo, que puede ser tratado en prisión y salir sólo de forma puntual para seguir el tratamiento. Nada que no sepan los familiares de cualquier enfermo de cáncer. Más allá de cualquier tipo de valoración ideológica parece que la forense de la Audiencia está bastante más cerca de la verdad. Su posición, sumada a la del fiscal, complica la decisión final del juez que decidirá si deja en libertad condicional a Bolinaga. Va a ser todo un test, una verdadera prueba de fuego, para la teórica independencia de la Justicia española. ETA y su entorno presionan, el Gobierno opta por ceder y evitar un problema mayor pero el Poder Judicial decide. Veremos qué.

Atentas están las víctimas -más que comprensible su desazón y angustia-, y los presos de ETA que quizás se hayan apresurado al dejar la farsa de huelga de hambre que incluía latas de comida en las celdas. Bolinaga, “Pakito”  Otegi y otros tantos etarras volvieron a comer, si es que alguna vez dejaron de hacerlo, pensando que el “trabajo” ya estaba hecho. Quien sabe si quizás tengan que retratarse con otra huelga de hambre si el juez de la Audiencia sorprende con su decisión.

No es un problema menor porque en el horizonte cercano está una cita electoral que va a encumbrar a la izquierda abertzale como verdadera opción de gobierno en el País Vasco. Euskal Herria Bildu será la segunda fuerza política o la primera a poco que se descuide o patine el PNV en una campaña que se va a eternizar y que estará marcada por la presión de los todavía violentos por mucho que etiqueten la tregua de ETA como definitiva. El todavía lehendakari ha decidido retratar su soledad política adelantando unas elecciones que intenta rentabilizar al atribuirse el mérito  del supuesto final del terrorismo. Patxi López emplaza  a votar el día después del primer aniversario del cese de la violencia etarra. Cree que puede darle votos pero puede resultar una estrategia tan fallida como su pacto con los populares vascos.

PP y PSOE han quedado reducidos a meros comparsas sin posibilidades reales de gobernar y  con la única  aspiración de convertirse en el “palmero” que ría las gracias de Urkullo durante los próximos cuatro años. Malas noticias para los constitucionalistas en un modelo de España que agoniza sin prisa excesiva pero sin pausa.  La independencia del País Vasco o Catalunya sigue siendo hoy una quimera. Pero, con todo, es una utopía mucho más cercana que hace unos años. Se entiende la preocupación del Gobierno . Ahora sólo hace falta que además de proclamar su desasosiego haga algo por evitarlo.