Con tanta celebración de La Roja y tanto éxito deportivo por el mundo, vamos entrando en eso de envolverse en los colores nacionales. Pero estamos muy lejos de acercarnos a lo de Estados Unidos. Nada de complejos. No hay prenda, complemento o artículo que se resista a vestirse de rojo, blanco y azul, de barras y estrellas. Por no hablar de lo que exhiben la bandera en la fachada de sus casas, sea cuatro de julio o el resto del año.

Se nota que tengo calentita la fiesta nacional y nunca mejor dicho -qué calooor-. Es una experiencia vivir y compartir un día así en este inmenso país. Dicen que Washington DC es uno de los mejores lugares para hacerlo. Se empieza por ir a una “parade” -desfile- y se acaba por ver los fuegos artificiales en el National Mall. En el medio, fiesta, barbacoa, picnic….lo que cada uno elija para celebrar el dia de la Independecia. Sin olvidarse de vestir los colores.

Hay tantas combinaciones como personas y gustos. Los que simplemente llevan algo azul, rojo y blanco. Los que además juegan con las barras y las estrellas. Puede ser sólo una camiseta, un complemento o todo el conjunto. No importa la edad ni la condición. Es contagioso.

Tienen la suerte de que su bandera es de tres colores que pegan y lucen. Tienen la ventaja de que su diseño convence, gusta, da juego o quizá caigamos víctimas de su publicidad, su manera de vender y de exportarla.  Sucumbimos a este otro tipo de colonialismo. Lo han conseguido.

“La bandera es el símbolo de mi país, de sus valores, representa a los que vivimos aquí, a los que nos precedieron y defendieron la libertad. Es un símbolo de unidad, de esperanza colectiva en el futuro en un país tan extenso, con tanta diversidad y diferentes formas de pensar.  Nos unen los ideales que representa esta bandera” me cuenta Lucy Roberts Smiles, washingtoniana, profesional y madre de tres hijos. La bandera estadounidense cuelga de su casa todos los días  del año porque, entre otras razones,”nunca tuve una `flag room´, porque me recuerda a la casa de mis abuelos en Maine, mi infancia y mis raíces marinas”. Para ella, es también símbolo de sacrificio cuando cubre el féretro de los que han muerto en la guerra.

Las primeras veces que me paseaba por un barrio y veía tanta bandera colgando de las fachadas, pensaba que se debía a algo especial. Una fiesta, una fecha, un homenaje, un triunfo deportivo…pero no. Igual que Lucy, son muchos los que han hecho de su símbolo nacional una parte más del paisaje cotidiano de su calle. El  4 de julio se convierte en la estrella del “decorado”. Algunos no escatiman ni tamaño ni cantidad.

“Yo no tengo una bandera en casa pero la respeto por la libertad que representa y la responsabilidad que se deriva de sus valores.  He crecido vistiendo de rojo, azul y blanco cada cuatro de julio, recitando la letra del himno nacional al empezar las clases… Me siento orgullosa de mi país cuando veo que cada año incorpora nuevos ciudadanos estadounidenses..” opina Jane Varner Malhotra, escritora y profesora de arte. “Pero -añade- me entristece cuando veo la bandera relacionada con guerras y violencia o pasando por encima de la libertad de otros…”

 

Hay una sala en el Museo de Historia Americana de Washington que guarda la bandera más antigua de la Unión. Data de 1814 y la plantaron los soldados americanos en Fort McHenry, Baltimore, para celebrar la victoria sobre las tropas inglesas. Ahora descansa en una inmensa vitrina, protegida y cuidada hasta el detalle, como un tesoro al que no permiten hacer ni fotos. Otro ejemplo más de la veneración estadounidense por su símbolo. Un respeto que no está reñido con utilizarlo para marcar estilismos, crear objetos de todo tipo y llevarlo a cualquier sitio.

 

 

Curiosa forma de celebrar un país. Envidiable que sirva para unirles a pesar de sus diferencias. Una bandera con trece barras(las antiguas colonias) y 50 estrellas(los actuales estados) que arrastra su propia historia, no siempre buena, como pasa con tantas. Pero aquí da la impresión de que prefieren mirar adelante…

                                                (Foto por Helen Malhotra)