Fuente La Vanguardia

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No había oído hablar de Ann Hood, pero el otro día “tropecé” con su historia y por un instante su mala suerte despertó mis miedos, aquellos que habitaron mi cerebro durante muchos meses. El azar se llevo a su hija y me dejó a la mía. Su libro es un canto al amor y la reconstrucción personal.

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Grace tenía cinco años cuando un virus se la llevó sin compasión y dejó a Ann en un mundo ya irreconocible, de pesadilla y barricada. Su hijo mayor también se tuvo que enfrentar al duelo, como su marido, como los abuelos, como los amigos… El día a día se convirtió en una condena a trabajos forzados en la que el castigo era vivir. Un día su madre, la abuela rota por su nieta y por el dolor inconsolable de su hija, le sugirió tejer y de ahí nace su libro “El Círculo del Punto”.

Su protagonista Mary Baxter atraviesa el mismo infierno que la autora,  pierde a hija y su mundo se desmorona. Es incapaz de hacer cualquier cosa, porque absolutamente todo le recuerda a su niña. En esta situación su madre le recomienda apuntarse al círculo del punto, una reunión semanal de mujeres tejedoras para que pueda concentrarse en algo externo al dolor. El libro es corto y muy intenso, lleno de esperanza y de energía. Una delicia. Pero la realidad supera como siempre a la ficción.  Pasaron los años y la escritora decidió adoptar, se lo sugirió a su marido y él confesó que también había recorrido ese camino por su cuenta. La niña que adoptaron había nacido el día que murió Grace, su hija biológica. De ahí nació otro libro “El hilo rojo” esa unión invisible que conecta a aquellos que están destinados a encontrarse, sin importar tiempo, lugar o circunstancias…

 

En los dos libros queda claro el poder de la amistad y del consuelo que nos dan los seres que amamos. No hay terapia sin amor.