Quizá lo hizo por puro desahogo, sentirse libre o por terapia. Solo hacía cuatro meses que habían matado a su marido y Jackie Kennedy contó su verdad en una larguísima entrevista con un historiador y amigo de JFK. Cincuenta años después, su hija Caroline desvela esas conversaciones en un libro que da una imagen, al menos chocante, de quien trajo glamour y elegancia a la Casa Blanca en los 60.

Llegó asustada por la responsabilidad, el protocolo y los servicios secretos. Pero los casi tres años vividos en la Casa Blanca fueron, para ella, los más felices.

Y probablemente, los más intensos. Su refinamiento y gusto cautivaron dentro y y fuera de Estados Unidos. Marcó estilo pero la Jackie fina, culta y enamorada tenía, además, sus “miserias”.

En siete horas de entrevista, con voz íntima y punto susurrante, desgrana sus opiniones sobre mucho y muchos. Unas no sorprenden: amaba a su marido de quien decía era la persona más segura de sí misma, atractiva e interesante. Hasta tal punto que sus opiniones también eran las de ella porque “eran las mejores” y se pregunta ”¿cómo podría tener yo opiniones políticas?… las mujeres no deberían meterse en política…”

Así que la mejor forma de ayudar a su marido en los momentos difíciles de su presidencia era “rodearle de un ambiente de afecto y comodidad, con los niños portándose bien y contentos”. De sus palabras se desprende un desprecio a las feministas a las que llama “mujeres retorcidas cuyas vidas no funcionan y no soportan que el poder les llegue a través de los hombres…”

Aunque a estas alturas, a nadie se le escapa que ella ”mandaba” en la sombra. Controlaba los actos oficiales y era la mejor embajadora  con los líderes políticos del mundo. Sus impresiones contaban mucho para el presidente. Quien no le caía bien a ella, lo tenía más difícil con él. Como tantas parejas.

Otras de las “perlas” que disparaba la gran dama eran contra personalidades de su tiempo.Y no ahorra calificativos. De Luther King, dice que era un falso y organizaba juergas con mujeres. A Indira Gandhi la llama mandona, amargada y desagradable. A De Gaulle lo tacha de “egomaníaco” lleno de rencor. Tampoco le gustaban los franceses a pesar de su origen, ni el vicepresidente Johnson que sucedió a su marido, ni le caía bien la mujer de Eisenhower… 

 

Sus nietas se han escandalizado por las opiniones de su abuela. Lo ha contado Caroline, su hija, la encargada de enseñar tanta “perla”. No creo que la leyenda de Jackie se venga abajo. Tampoco me sorprenden tanto sus palabras. Sólo hay que ponerse en el contexto de ese tiempo, de una mujer de su eduación. Marcada por el drama…y fiel a su marido aún cuando él no lo fue en vida. Pero de esto, ni palabra, como tampoco del día de su muerte.

 

¿Era lo “mala” que parece o simplemente una mujer con necesidad hablar? ¿Por qué su hija desvela esta entrevista 50 años después si puede perjudicar el recuerdo de su madre? Ella lo quiso así, ha dicho Caroline.Y todavía guarda más testimonios que deben esperar. Jackie manda medio siglo después.