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Decía Henry Miller que “cada guerra es una destrucción del espíritu humano”. Lo que está ocurriendo en Siria es mucho más que una guerra, es un genocidido. Si hubo alguna posibilidad de que la comunidad internacional interviniera, se ha esfumado.

28 niños han muerto en el último bombardeo a Alepo, otra ciudad que sumar a la lista de ignominias insoportables para cualquiera que tenga conciencia. Como en Srebrenica siento VERGÜENZA e IMPOTENCIA por lo que está pasando y por lo que seguirá ocurriendo.  Por los niños reventados en brazos de sus padres y los médicos devastados que deben  elegir cuáles de sus pacientes tienen alguna posibilidad de vivir y abandonan a los que en otras circunstancias saldrían adelante.  Por los despachos en los que se decide que mejor no actuar porque entre los rebeldes hay mucho yihadista y va a resultar que Al Assad es el mal menor. Debo ser muy inocente pero no me creo que no haya capacidad de maniobra o de presionar al presidente sirio.

 

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Ahora la ONU lanza un LLAMAMIENTO INTERNACIONAL HISTÓRICO. Pide 4700 millones de euros para asistir a la población siria.  Nunca antes se había pedido tanto dinero para una crisis humanitaria en toda la historia de la organización. Hay que atender a los que huyen y están desplazados en Líbano, Jordania, Turquía, Irak y Egipto. Allí los niños se acostumbran al desarraigo y la necesidad. Dentro de Siria, según el Comité Internacional de Rescate, la hambruna amenaza a la población y sólo el precio del pan ha subido un 500% en algunas localidades.

 

 

Pero,  ¡todos tranquilos! que los niños sirios ya no mueren por armas químicas, debe ser mucho más “respetable” morir en un bombazo convencional, congelado en casa o muerto de hambre y miedo. Ignominia.