Eso debe pensar más de uno y sobre todo alguien que también vive en Washington, es español muy conocido, ahora convertido en titular de periódicos y no precisamente por noticias buenas. Por primera vez, despedirá el año desde la capital de Estados Unidos. Por primera vez, las uvas de la suerte quizá le sepan diferente…

Recibirá 2012 con su familia. No espera visitas de fuera. Iñaki Urdangarín vive unos días complicados. El y los suyos. No debe ser fácil celebrar estas fiestas cuando te acaban de imputar en una investigación judicial y cuando algunos de los que hasta ahora sentías cercanos se desmarcan.

La justicia tiene la última palabra. Pero la reacción de la Casa del Rey habla por sí misma y ensombrece su presunción de inocencia. Chocante es, al menos, de una institución tan prudente y precavida. O tal vez por eso, precisamente. Quién sabe. (Sorprendente también que hayan tardado tanto en dar a conocer las cuentas del Rey, empujados por el asunto del yerno).

Iñaki Urdangarín dará su versión ante el juez en febrero. Una oportunidad para explicarse, para defenderse. Hasta entonces, tiene pensado seguir con su rutina a este otro lado del Atlántico, a donde llegó con su mujer y sus hijos hace dos años y medio.

Al lado de la infanta Cristina y sus cuatro hijos, la vida del duque de Palma en Washington es más tranquila y anónima. Es responsable de las relaciones de Telefónica para Latinoamérica y Estados Unidos, lo que le obliga a viajar mucho por esos países. Ella sigue con su trabajo en la distancia con la Obra Social “La Caixa” y ha abierto su propia oficina aquí.

Los niños van al Liceo Francés. El mismo colegio que en Barcelona. El mismo sistema educativo. Los mismos libros y distintos amigos. Amantes del deporte como sus padres, los hijos de los duques de Palma están ocupados también con entrenamientos, partidos y actividades extraescolares. Se han adaptado al “american way of life”, a su nueva casa, a coger el autobús sin que nadie les mire, sin escolta, sin más  atención que el resto de los alumnos.


Un día en clase le preguntaron a uno de los niños qué era un príncipe y él contestó: “mi tío”. Un exotismo para su profesora y el resto de la clase. Pero al margen de esas anécdotas, la familia Urdangarín Borbón es, en Washington, una más.

Viven en una casa de una acomodada zona de Bethesda, perteneciente al estado de Maryland, a las afueras de Washington. Muy parecida a otros tranquilos barrios residenciales que rodean la capital de Estados Unidos, donde viven buena parte de la comunidad diplomática y altos cargos. Casas grandes y espaciosas, de arquitectura similar, muy americana, sin valla por delante aunque sí para el jardín de atrás donde algunos tienen hasta piscina.

A los duques de Palma te los puedes encontrar haciendo la compra en el supermercado, yendo a buscar el árbol de Navidad, en un cine, en bici, haciendo deporte por su barrio, paseando por el “downtown”… O coincidir con ellos en actos con la colonia española, en cenas de diplomáticos y en alguna actividad oficial. Pero nada que ver con lo que tendrían en España…bueno, que tendría ella sola a partir de ahora.

Lamento todo lo que está pasando. No sé cómo acabará. Si se demuestra que es culpable, será una gran decepción. Si inocente, un alivio, aunque ya, supongo, se ha hecho mucho daño.  A su imagen, a su familia y a la institución monárquica. El asunto no pinta bien. Y una vez más, me pregunto sobre la responsabilidad de algunos medios que se frotan las manos ante un caso así, que se atreven a condenar sin juzgar, sin casi dejar margen a la presunción de inocencia y especulan con el futuro de sus vida privadas.

Me pregunto sobre la responsabilidad de lo que llamamos opinión pública, de nuestros propios comentarios, alimentando más el morbo y el escándalo, sacando bromas de dudoso gusto, linchando antes de saber y demostrar. 

Acaba 2011 con sabor amargo por los Urdangarín y los Borbón. Quizá el nuevo año ponga las cosas y a cada uno en su sitio. 

Para todos, ¡Feliz 2012! …pese a todo.