Pau Gasol me cae bien, me cae muy bien, me parece un tipo honesto, noble, sensato, con los pies en la tierra y la cabeza en el cielo. Desde su altura moral y física demuestra al mundo con sus actos que se puede ser millonario y pasear por un campo de refugiados en Irak sólo para explicar, con humildad, que Siria se desangra y que los niños necesitan nuestra ayuda.

Muchas veces hemos visto a famosos hacerse fotos entre pobres de solemnidad. Yo siempre valoro ese esfuerzo aunque no todos sean extremadamente generosos. Creo que cualquier ayuda es buena para que una mirada nueva descubra el mapa del dolor (millones de personas desperdigadas para salvar sus vidas) y decida ayudar.

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Veo a Gasol rodeado de niños que se prestan a sus juegos y no estoy segura de que todos ellos sepan quién es,  ni qué significan las siglas NBA. Probablemente Pau tampoco sabía dónde estaba Dohuk antes de recorrer sus caminos polvorientos. No es el primer viaje de Gasol como embajador de UNICEF y seguramente no será el último.

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Ver reir a los críos es un premio pero no hay que engañarse, a los niños sirios les queda mucho llanto por delante. Todos podemos ayudar, cada uno a su nivel. En “El Universo de Martina” os hablamos a menudo de ellos porque su sufrimiento es un motivo de vergüenza internacional. La prueba de que esa llamada “comunidad internacional” no mueve un dedo si no hay una recompensa. ACNUR, el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados, ha pedido hace un par de semanas que se mantengan las fronteras abiertas a los sirios que busquen protección.  Reconocen que no han visto una salida masiva de refugiados de proporción similar desde el genocidio de Ruanda hace 20 años.

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No os perdáis la crónica sobre el viaje de Gasol que ha hecho el compañero de Marca Jesús Sánchez desde Irak, merece la pena. Demuestra que hay “estrellas” a sólo 2 metros y 13 centímetros de altitud. Gracias Pau, gracias UNICEF.