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Gracias Rajoy, gracias Rubalcaba. Lo han logrado. Sin despeinarse, sin esfuerzo y sin afán han terminado con el bipartidismo.  “Caput” a las mayorías absolutas y adiós a esos tiempos donde PP y PSOE  se repartían la tarta electoral dejando a los demás sólo las migajas.

Su gestión es tan pésima, uno desde el poder y el segundo desde la oposición, que sus expectativas electorales se desangran. Populares y socialistas se desmoronan por su incapacidad para gestionar la crisis y para generar ilusión. Su caída es una buena noticia para el pluralismo en una sociedad donde formaciones políticas hasta ahora minoritarias tendrán un papel muy relevante en la gobernabilidad del país. El desplome de PP y PSOE supone la pujante irrupción de IU y UPyD en un escenario donde cambiarán las reglas del juego. 

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La última encuesta del CIS confirmaría que el electorado parece estar dispuesto a castigar  a los dos partidos que han gobernado España durante los últimos 35 años. El descrédito de la clase política es mérito casi exclusivo de ellos.  Sonroja ver a los partidos políticos en el “farolillo rojo” de una lista donde Guardia Civil, Policía y Ejército copan los lugares que dan derecho a sentirse ejemplares. Unos y otros se lo han ganado a pulso.

 

LA LIDERESA

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La lideresa saca las uñas. Araña con saña donde más le duele a su compañero de filas y al tiempo enemigo Mariano Rajoy. Imbuida del espíritu “thatcheriano” que reapareció en Londres durante el funeral de la “dama de hierro”, recuperó su versión más liberal y oportunista de la política. Esperanza Aguirre tiene defectos, muchos, pero nadie puede negarle su sinceridad, a veces suicida, y su capacidad para generar polémica.

Las críticas a Rajoy por su política económica la vuelven a situar, esta vez con mucha más fortaleza, en la carrera por la sucesión. Aspira a liderar el PP y a recoger el desencanto de una parte significativa de un electorado decepcionado. En política, bien lo sabe ella, se castiga la mentira y las falsas promesas. 

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Las mentiras de Mariano Rajoy y sus promesas incumplidas cavarán su tumba y Aguirre,- perejil de todas las salsas, amante de remar con el viento en contra-, bien podría ser su enterradora. Ella aboga por una reducción drástica del gasto, un adelgazamiento del Estado y una bajada de impuestos. Justo lo que prometió Rajoy en campaña electoral y exactamente lo mismo que incumple desde que “tocó” poder”. Aguirre se posiciona para liderar lo que ya es algo más que una corriente de opinión en las filas populares. Se prepara para asumir las riendas del partido con un programa propio que, paradójicamente es el mismo con el que el PP ganó las elecciones. En contra tiene su perfil antipático y el escaso cariño que le profesan desde fuera de Madrid. A favor, su claridad de ideas, su sinceridad manifiesta y un pasado aparentemente limpio. No hay rastro de su identidad en los papeles de Bárcenas que amenazan con desmontar a la cúpula del PP. El juez Ruz se topará durante la investigación con los nombres de Aznar, Rato, Cascos, Arenas, Rajoy y otros tantos populares pero no hallará ni rastro de Esperanza Aguirre. Esa ausencia bien podría ser su credencial para pelear por ser el próximo cartel electoral de los populares.