No puedo evitar acordarme de la película “Grease” cuando oigo el nombre de Sandy. Y nada que ver. Aunque se llama igual que la acaramelada protagonista, está muy lejos de ser una ficción romántica. Huracán o gran tormenta, Sandy es real y avanza sin prisa pero sin pausa por la costa este de este inmenso país, después de haber dejado su estela destructiva en el Caribe. ¿Estaís preparados? me preguntan mis vecinos…

Sandy ha desplazado, de momento, el foco de atención mediática cuando falta practicamente un semana para el 6-N.  Ocupa los titulares, ha obligado a cambiar la agenda de los candidatos,  es el tema en las conversaciones, se nota  en los supermercados y ha empezado a relegar una celebración que aquí les chifla especialmente: Halloween. Sandy da mucho más miedo y nadie piensa tanto en el “trick or treat” como en abastacerse  y prepararse para aguantar sus posibles embates.

 Ya estamos en estado de emergencia, miles de personas han buscado un sitio más seguro, los colegios han avisado de que permanecerán cerrados de momento, no hay metro ni autobuses, el tráfico aéreo y ferroviario toma sus precauciones y las compañías cancelan vuelos. Esto se pone feo. Hasta el mismo Obama lo ha dicho. Quizá exageren, pienso en algún momento, tan dados como son los estadounidenses a ser hiper precavidos en casos de alertas. Hay que curarse en salud. Por si acaso,  he decidido seguir sus consejos.

Imprescindible para estar preparados en una ciudad como Washington DC: agua y pilas, linternas o velas, además de comida, móviles cargados, botiquín de primeros auxilios, depósito lleno de gasolina… Ver la lista de recomendaciones impone. No hace falta que venga algo tan amenazante como un huracán para que las casas se queden sin luz. A veces con una tormenta de verano también ocurre. Esto sí que es una de las cosas que siempre me  sigue sorprendiendo de vivir aquí y todo por culpa del tendido eléctrico. Todos los cables están por el aire, de poste a poste, demasiado expuestos a cualquier inclemencia meteorológica. Así que imaginad si lo que llega es un huracán.

 Otro peligro de esta ciudad es la cantidad de árboles enormes que tiene, una belleza por cierto, pero totalmente vulnerables a los temporales. Por su tamaño y sobre todo por sus raíces superficiales. El suelo tiene tanta humedad que las raíces no necesitan profundizar para encontrar agua. La base de los árboles es poco estable y se caen en cuanto el viento sopla fuerte. Y si le sucede a un inmenso árbol con una casa al lado, ya sabemos lo que pasa.

Este fin de semana ha sido de fiestas halloweenianas adelantadas por si acaso, de hacerse con provisiones, agua y pilas y de esperar con los dedos cruzados a que Sandy no entre tan amenazante como las previsiones indican. Porque traerá fuertes vientos, intensas lluvias, bajadas de temperaturas y hasta nieve. Dicen que no viene solo. Se junta con una tormenta ártica y un frente de Canadá. Si todo se cumple, pasaremos de una estación a otra de forma brusca y cuestión de minutos.

 Soy de las optimistas y siempre pienso que no va a ser tan malo como lo pintan, que algo pasará y la tormenta perderá fuerza e intensidad. Los que saben dicen que se esperan  dos posibles escenarios: el peor o el muy malo. Glup! La próxima semana os cuento cómo hemos sobrevivido a este Sandy que va a conseguir que su nombre dé más miedo que una noche de terror tan propia de estas fechas.

Por si acaso, parte de nuestro barrio ya ha celebrado su fiesta de Halloween, sin “trick or treat” aún, pero con todo lo demás: casa encantada, disfraces, el tallado de calabazas (pumpkin carving), comida y dulces al uso. Al mal tiempo…