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Muchas veces me he hecho esta pregunta sobre los límites de la información y del periodismo. Muchas veces he tenido la sensación de que la vanidad nos hace perder la medida de las cosas y de la actualidad. Demasiadas veces percibo demasiado protagonismo del enviado especial, del presentador o del periodista de turno que necesita que se le relaciona con la noticia importante de ese día. Que necesita ese reconocimiento de que él o ella estuvo ahí o conoció a ese personaje del que todos hablan hasta la saciedad, por no decir, muchas veces, hasta el hastío.

Comparto esta reflexión  por las sensaciones que he tenido siguiendo las coberturas  informativas sobre la muerte de Nelson Mandela. He observado en distintos medios -sobre todo televisiones- un desfile de profesionales que alguna vez han tenido relación con Sudáfrica y parecían, de pronto, convertirse en expertos sobre la figura de Madiba y su vida. Entiendo que debe ser difícil encontrar el equilibrio entre quedarse corto o pasarse cuando se produce una noticia así. Más vale quizá, cometer el exceso que correr el riesgo de que acusen a un medio de no haber estado a la altura de la noticia. Creo que lo importante es ser riguroso y selectivo, sobre todo para que quienes tienen que informar o analizar esa información sean los que verdaderamente saben de ese tema y aportan. Para no acabar repitiendo y cayendo en tópicos.

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Comparto totalmente que cuando desaparece una figura como Mandela, hay que dedicarle una programación y cobertura especial. Es un homenaje hacia su persona y su obra totalmente merecido; recoge, además, el sentir de la gente, de su país y del mundo entero. Pero una vez repasados su vida y su legado, conocidas las reacciones del planeta y visto como se le llora y se le honra….poco más hay que añadir. Volver una y otra vez a lo mismo, escuchar a los analistas o los periodistas repetir ideas o hechos, extenderse innecesariamente por aquello de llenar minutos o páginas…puede ser contraproducente.

El riesgo es llegar a un punto en el que la gente no quiere volver a oír nada más. He escuchado más de una vez decir aquello de “un poco excesivo ya, ¿no?” “habrán pasado más noticias en el mundo además de ésta”.

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Esta especie de frenesí y carrera por quién da más y cuanto antes,  puede terminar alejándonos de  lo que el lector, oyente o espectador espera o quiere recibir. Parece que se piensa más en el emisor que en el receptor. Como dice una amiga mía, “yo no pido ser la primera en enterarme de las cosas, pido enterarme bien de las cosas”. ¿Hay quizá demasiada vanidad periodística?  Supongo que en estos maratones informativos cuenta, además, sacar rentabilidad a la actualidad. Estamos en un mercado.

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La pregunta de si es necesario me la he hecho esta semana con otra noticia muy diferente. Está a punto de cumplirse el primer año del tiroteo en un colegio de Newtown en el que murieron 27 personas (20 era niños). Coincidiendo con esta fecha, se han hecho públicas las grabaciones del teléfono de emergencias de la policía. Y ha habido debate sobre si había que difundirlo o no. Y se ha difundido, aunque algunos medios, como NBC, decidieron no darlo. No puedo estar más de acuerdo. Escuchar al personal del colegio pedir ayuda con angustia y miedo porque hay un tirador en el edificio…¿qué aporta a la información que no sepamos ya? ¿es por escuchar las voces de quienes temían por su vida y la de los demás? ¿en qué ayuda que no sea alimentar el morbo? Newtown y los familiares de las víctimas han pedido que les dejen tranquilos, que  recuerden esa matanza por la fecha o por el nombre del colegio (que por cierto se ha demolido) y no por el nombre del pueblo. Quieren pasar página y recordar a los suyos en la intimidad.

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Lo han pedido con más fuerza ahora que se acerca el primer aniversario y que, inevitablemente, los medios volverán a llevar a sus enviados especiales allí, para volver a recordar, y contar lo contado y honrar a las víctimas, tal vez sí…Pero una vez más, los periodistas insistiremos en algo que no tiene ya mucho más recorrido informativo. Espero que esta vez, prime el sentido de la mesura, el respeto y equilibrio.