El hombre que dice crecerse ante el castigo como un toro bravo le ha hecho un regalo inesperado al nacionalismo catalán. El mal trago de Artur Mas y sus acólitos por el descalabro electoral apenas ha durado una semana. Justo el tiempo transcurrido entre el cierre de las urnas y la presentación del borrador de la nueva ley de Educación. Suena a torpeza la estrategia de José Ignacio Wert por atizar el fuego del victimismo de la clase política catalana. Mientras se hable de la Ley de Educación y del derecho de los padres a que sus hijos puedan educarse en castellano se esconden los verdaderos problemas de Catalunya. Una deuda desorbitada fruto del derroche, un paro desbocado y una sociedad enfangada en un avispero donde la corrupción anida a uno y otro lado. A Mas le viene bien hacerse la víctima , ya es un auténtico experto, y envolverse en la bandera de la Lengua como ya lo hizo con la del independentismo. El president en funciones tiene el viento a favor en un debate demagógico donde el pensamiento único pasa por la sentencia de que en una Comunidad bilingüe los derechos del catalán y el castellano no son equiparables. CIU no necesitaba, desde luego, el apoyo incondicional de una institución que deja corto el eslogan de “més que un club”. Es verdad, el Barça más universal y al tiempo más provinciano se acerca a pasos agigantados al ridículo de convertirse en una especie de partido político al servicio del poder, por supuesto nacionalista, establecido.

No sorprende tanto la actitud de sus directivos como la de futbolistas ilustres como Puyol y Messi y hasta del mismísimo entrenador, Tito Vilanova. Me pregunto si todos han leído ese borrador de Ley y les pregunto si tan grave es que en una Comunidad con dos lenguas oficiales ambas tengan los mismos derechos. Es probable que la Ley Wert sea tan necesaria como inoportuna en el tiempo.

No se entiende el momento elegido para el debate  salvo que el ministro taurino busque, además de protagonismo, provocar un acalorado debate que también beneficie al presidente Rajoy porque mientras se habla de la Lengua se esconde la tropelía de las pensiones, el desastre del paro y el conflicto por la privatización en la gestión de algunos hospitales.  La semana nos deja, al menos, las primeras muestras de apoyo popular a la Constitución que nos regaló décadas de Democracia y libertad en un país donde lo obvio no era tan sencillo. Puede que no sea perfecta pero con algún retoque le quedan otros tantos años de vida.

TRABAJAR MÁS Y GANAR MENOS

 

Hay que tener caradura y pecar de desfachatez para firmar esa frase desde la atalaya de la presidencia de la CEOE. Cuando Gerardo Díaz Ferrán nos reprendió a todos por trabajar poco y ganar mucho ya estaba inmerso en un proceso judicial que apestaba a desfalco y corrupción. Apretaba las tuercas a los trabajadores mientras paseaba su Rolls Royce por las calles de Madrid y presumía de yate al tiempo que esquivaba los pagos a proveedores, abocaba a varias empresas a la ruina y dejaba a cientos de familias en la calle. El problema serio no es que haya un empresario acusado de saqueo. El problema de verdad es que ese tipo haya llegado a situarse en la cúpula de los patronos españoles. España ha pasado de ser el paradigma de la cultura del pelotazo a convertirse en el edén de una desvergonzada clase política y empresarial.