El hombre que soñaba con llevar a Catalunya a la independencia ha firmado un batacazo electoral mayúsculo. Uno de los más importantes que se recuerdan. Están justificadas, por tanto, todas las voces que exigen la dimisión de un político que ha visto como una parte importante del electorado catalán frenaba su quimera secesionista. La victoria de CIU tiene un sabor a hiel que los nacionalistas reconvertidos en recalcitrantes independentistas tardarán en digerir. Pierde Mas y perdemos todos porque el daño y el mal ya están hechos. La sociedad catalana amanece este lunes completamente fragmentada, incrédula y con la sensación de haber hecho un viaje a ninguna parte. Los resultados electorales dejan un ganador que ha perdido, -CIU baja 12 escaños-, un Partido derrotado al que sólo le queda el consuelo de conservar la segunda plaza en número de votos, -el PSC-, un ganador moral,- los independentistas de Esquerra han duplicado de sobra sus 10 escaños y son los grandes triunfadores-, y dos grandes esperanzas para el pueblo catalán por su discurso honesto desde ideologías y planteamientos muy distintos. ICV gana 3 diputados y Ciutadans triplica su representación al lograr 9 escaños.

 

El 25-N,  para alivio de los más “españolistas”, deja un Parlamento menos soberanista que el anterior pero que nadie se engañe. Los independentistas siguen siendo mayoría. Más débil, sí, pero mayoría al fin y al cabo. Unos y otros deben tomar nota de la pluralidad de la sociedad catalana y están obligados a hacer un inmenso esfuerzo para encajar a Catalunya en España de una forma muy distinta a la actual sin llegar a la escisión. También para una mayor comprensión y hasta respeto de la imagen de España en Catalunya.  Descartada la posibilidad de la dimisión de Artur Mas no hay otra alternativa de gobierno que no pase por CIU . Puede optar por apoyos puntuales o por un pacto de Legislatura. En la aventura independentista el socio natural es la “bestia” a la que ha engordado hasta el punto de amenazar con cobrarse la cabeza del Mesías. Lo fácil para Mas es pactar con Esquerra Republicana pero eso tiene un riesgo y lo sabe. Es muy significativo que en su primera comparecencia, del referéndum ni una sola palabra. Lo dejó para un decepcionante “baño” de masas en un triste balcón del Palau de la Generalitat.

LA DERROTA DEL GANADOR

 

Nadie fue tan lejos como él. Ahora sí. Ahora sí se puede decir. Los catalanes han votado y han dictado sentencia. Su tierra, su territorio, su Comunidad,  su país o su nación se encamina a una aventura incierta impulsada por un tipo mediocre que no pasará a la historia por ser el Wallace de la Catalonia independiente. Mal que le pese, se quedará en un personaje falaz que ha llevado a su pueblo a una fractura social casi, casi irreversible. El problema no es la apuesta por la independencia, un derecho legítimo de cualquier pueblo en Democracia. El drama es que el señor Mas lo hace, en el mejor de los casos, por su incapacidad para asumir su responsabilidad en los recortes y harto, se entiende, de los insultos de la calle. El “Mesías” catalán optó por la vía fácil y prefirió llevar al abismo a su gente  cortejado por los aplausos de una marea que se mueve como pez en el agua en un lugar donde todo aquel que no se proclama independentista está mal visto. Mas y los suyos reparten certificados de “catalanidad” en una sociedad que huele a corrupción. Más allá de lo publicado por el diario “El Mundo” no hay nadie bien informado en esa tierra que no esté al corriente de las comisiones que cobró y presumiblemente cobra CIU por cada obra adjudicada. Lo denunció Maragall en sede parlamentaria con la histórica frase de “su problema es el 3 por ciento” pero todo acabó ahí. Con la Justicia bajo control y la prensa subvencionada, – el deplorable espectáculo del antaño prestigioso “la Vanguardia” es simplemente vergonzante-, la sociedad catalana está anestesiada.

Pero con o sin anestesia esa sociedad ha votado y hay que respetarlo. Si quieren referéndum se hará y como decía el recio castellano “pasará lo que tenga que pasar”. Allá quienes opten por una Catalunya republicana y fuera de la Unión Europea.  Es , visto desde fuera, lo más parecido  a una republicana bananera. El paraíso soñado para alguien que fía su futuro y sus cuartos a otro tipo de paraísos. Los fiscales.