Los adultos nos reímos 20 veces menos que los niños. Probablemente el “disco duro” está tan cargado de malos rollos que nos impide ver la cara simpática de la vida.

Los “peques” se ríen 300 veces al día, los mayores -en un día bueno- poco más de 15. Los médicos han comprobado que la risa es uno de los “fármacos” más eficaces contra la depresión. Nos aporta confianza en nosotros mismos y paz interior.

 

Según Robert McGrath, psicólogo de la Universidad Wisconsin-Madison (EE.UU.), el humor reduce las hormonas del estrés. Y no sólo eso, una carcajada intensa aumenta el ritmo cardíaco, estimula al sistema inmune y nos hace ejercitar los músculos. Después de reirnos, la presión sanguínea baja y el corazón se desacelera. Este investigador recomienda 30 minutos diarios de ejercicio y 15 de buen humor.