Me he levantado “polémica”, qué le voy a hacer, sé qué la mayoría no estará de acuerdo conmigo pero tengo que decirlo. No sé si es un trauma de la infancia pero NO SOPORTO ver a los niños imitar a las personas mayores fuera de sus lógicos juegos. No me gusta verlos en las pasarelas de moda. Sólo veo las frustraciones de los adultos en sus cuerpecillos disfrazados y sus miradas maquilladas de falsos adultos.

Vale, vale, voy a rebajar la intensidad pero no la crítica. Y me pregunto, ¿no pueden desfilar sin maquillaje, sin kilos de laca, sin tratar de hacer movimientos que no les corresponden?, ¿No fomentamos en ellos una vanidad destructora? . Me váis a perdonar pero observarles bien…

Y no creáis que sólo tengo problemas con las pasarelas. En general me gusta poco que imiten a los adultos. Debo ser rara porque mi madre llora de emoción viendo a niñas de cuatro, cinco o seis años vestidas como Isabel Pantoja y diciendo que están en la encrucijada del amor…

A estas alturas de “post” noto un ligero salpullido que me sube por el cuello así que antes de quedar abducida por los granos voy a sacar fuerzas para regalaros una joya del cine, el paradigma de la crítica a este tipo de “pseudoexplotación” infantil. Disfrutad de Pequeña Miss Sunshine y si no la habéis visto hacedlo, garantizo emoción y más de una carcajada.