Me gusta la idea de que hay cuentos curativos, historias que ayudan a “sanar” a niños que padecen miedo. Los psicólogos Ana Gutiérrez y Pedro Moreno han escrito “Los niños, el miedo y los cuentos: cómo contar cuentos que curan”. Uno de los temores que más ha aumentado en los últimos años es el que sienten los menores a dejar de ser queridos, sobre todo durante los procesos de separación.

Los picólogos detectan cada vez más casos de padres que utilizan a sus hijos como arma arrojadiza cuando hay que pactar las condiciones de un divorcio. Los niños de entre 4 y 10 años tienen cada vez más miedo a sentirse abandonados por sus padres, especialmente si los progenitores están en un proceso de separación. También los adolescentes  experimentan este tipo de miedo, normalmente con ataques de irritabilidad. Hay técnicas que ayudan a “matar” miedos. El sentido común casi siempre funciona pero mejor escuchar a los expertos.


Hay otros miedos que desaparecen con el paso del tiempo y que no se solucionan con gritos. El miedo es irracional y no atiende a razones. Si un niño sufre cuando apagamos la luz, o en durante una tormenta, o si aparece un perro o piensa en la muerte el mejor antídoto es el cariño. Sobre todo porque esos temores son normales y sólo demuestran que el niño se está haciendo mayor y se enfrenta a un mundo lleno de “peligros”.

Ana Gutiérrez aconseja no quitar  importancia a esos miedos porque pueden convertirse en fobias. No hay que decirles frases como “ya ha pasado, no hay nada”. Lo mejor es sentarse con ellos, dejar una luz, y estar con el pequeño el más tiempo posible hasta que se le haya pasado por completo el susto”. Pero la novedad que proponen estos especialistas es crear cuentos personalizados. El niño se convierte en el protagonista de una historia con un escenario que le resulte familiar, por ejemplo su habitación. Con esta técnica el niño se puede refugiar en su cuento imaginario y dejar fuera sus miedos.

Las técnicas de respiración son también muy recomendables para conseguir que el niño sepa relajarse y, por tanto, enfrentarse a esos miedos. Para ello, es importante que los padres ayuden a sus hijos a respirar, con pequeños ejercicios, a través del diafragma. Un truco para enseñarles a respirar correctamente es animarles a imaginar que su tripa es un globo de feria de los que flotan por el aire y que tienen formas que le gustan como, por ejemplo, Bob Esponja o un unicornio mágico. Hay otras opciones como el yoga para niños.

Los psicólogos reconocen que hay miedos genéticos pero advierten de que otros muchos los crean los padres a sus hijos. Es importante que sean los mayores los que sepan respirar y tranquilizarse antes de mostrarse asustados ante los niños. Nada como la risa de un bebé, aunque alguno se asuste antes de soltar la carcajada.