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Palabra de Felipe González. “En primarias no le voté a él, pero estoy a su disposición, es mi secretario general y a él voy a apoyar todo lo que pueda. Es lo que pido como cultura de partido”. Amén. Una frase del estadista que lideró el PSOE durante más de veinte años vale más que unas primarias o meses de trabajo y campaña. El cierre de filas que pide González a sus compañeros de Partido para arropar a Pedro Sánchez cierra de un plumazo cualquier especulación y complica, si no impide, las aspiraciones de Susana Diaz de plantear su candidatura a ocupar el cartel electoral socialista. Las palabras de Felipe suponen el espaldarazo a Sánchez y el freno a Susana. Es tal el predicamento, la influencia y el liderazgo de quien se considera un jarrón chino, que nadie duda de que la militancia le hará caso y enterrará cualquier atisbo de especulación sobre una eventual batalla en las primarias entre Sánchez-Díaz. Felipe asumió el rol estelar y se convirtió en protagonista de una Convención municipal donde otro expresidente masculló su soledad al sentarse y sentirse como una especie de apestado mezclado entre la militancia y sin posibilidad de intervenir en el acto formal del PSOE.

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La expresión de Rodríguez Zapatero, posiblemente el peor presidente de la Democracia, refleja el abatimiento de quien un día tocó poder para mutar después en un extraño entre los suyos. El imaginario socialista mitifica a Felipe como el autor intelectual de la mejor época del Partido en la misma medida que reniega de Zapatero como protagonista de una década ominosa que sigue pasando factura al PSOE en forma de vacío electoral. González sabe que el Partido atraviesa un erial y por eso pide levantar el ánimo y algo más. Ponte las pilas, Pedro. Ponte las pilas.

ESTIMADO PRESIDENTE

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Estimado presidente del Gobierno. Le escribo este puñado de líneas para contarle que me considero un ser humano normal. Un tipo incapaz de entender que un Estado abandone a sus suerte a un servidor público en un barranco de Marruecos. Una persona que no comprende que una mujer que huye de la Policía y que se rodea de personajes corruptos, pueda ser impulsada como candidata a la alcaldía de la ciudad más importante del país. Soy una persona normal con verdaderos problemas para comprender que la vida siga igual en el Partido que usted preside pese a las gravísimas acusaciones del juez en la trama Gürtel. Soy, como tantos españoles, tan normal como para preferir un presidente valiente que siempre dé la cara y no se esconda en el plasma. En definitiva, soy tan normal que antes de votar me lo pienso unas cuantas veces.