Lo digo siempre. Reniego de esa fecha marcada con un corazón y reclamada desde hace semanas en tiendas, restaurantes…y en cualquier lugar. Sobre todo en Estados Unidos. Ni los colegios se libran. Me ha vuelto a atrapar. Aquí estoy para contaros cómo sobrevivir a Valentine’s Day.

Quizá sufra de una alergia rara. Así que, resignación y humor. No queda otra. Ya se sabe, si no puedes vencer al enemigo, únete a él. ¿Cómo abstraerme de tanto reclamo de rojos corazones y regalos románticos? ¿Cómo defenderme de las madres del cole que me bombardean a e mails para que participe en la celebración?

Pues sí, los niños también lo viven. Desde su más tierna infancia. ¿Cómo? Con una hora de “party” en clase donde intercambian “valentine’s cards” para expresar su afecto y amistad. No falta la merendola aportada por los voluntariosos padres -una vez más- y golosinas “ad hoc”.


Ya, ya, si la idea no está mal. Pero no puedes dejar a un solo niño sin su tarjetita. Así que con la lista de la clase en mano, sale elaborar casi 70 “cards” para todos los compañeros de mis tres hijos. Luego, cuando veo a los míos llegar con sus cajas llenas de tarjetas, mensajes y chucherías, hasta me enternezco y todo. Touché.

 

En fin. Vayamos con los adultos. Recordando mis tiempos de redactora de sociedad del Telediario, voy a darle otro “enfoque” al tema.

¿Expectativas para ese día? Una encuesta de American Express concluye que al menos 4 millones de americanos esperan declararse o que alguien se les declare en tan señalado día. Otro dato: el año pasado, dos millones de parejas pusieron fecha a la boda. Más de 16 mil millones se gastarán los estadounidenses en cenas, flores y demás, a una media de casi 200 dólares por enamorado. Love is love.

 

 

Los partidarios del 14-F esgrimen que es bueno tener una fecha especial para decirse lo que habitualmente no se dicen o regalarse un detalle. Es un motivo más para celebrar una relación o un sentimiento. Los que reniegan, consideran que es artificial poner una fecha casi obligada, pre-establecida y orientada al consumo. En algunos casos, además, añade estrés a una pareja, sobre todo si uno de los dos espera mucho de ese día y el otro no está a la altura.

Quienes aún no disfrutan de ese amor, lo buscan ese día y el resto del año. Y las citas “on line” arrasan. Cada año aumenta en más de un 150% los que llaman a la puerta de las webs que ponen en contacto corazones solitarios. Lo hacen el 31% de los americanos. Y ¿quiénes son los que más confían en el amor a golpe de click? En Estados Unidos, los mayores de 50 años. Así como suena. A los jóvenes, les va más el tema red social tipo Facebook y tienen otras oportunidades.

Pero, esto de buscar pareja en la red tiene su complicación. Un estudio revela que lo mejor es que ofrece una amplia oferta de posibles parejas. Aunque, la “química” no es una ciencia -aclara- y una cosa es lo que percibimos “on line” y otra el “one to one”. Muchas veces la famosa idoneidad de perfiles no acierta. Otros afirman sentirse desbordados ante la cantidad de candidatos que reciben. “Es casi como un trabajo” dice uno de los encuestados en este estudio. Cuentan que esta búsqueda-criba supone una dedicación de unas 12 horas a la semana.

En fin, que todo ayuda pero me quedo con las citas de siempre, aquellas en las que te une la casualidad o el flechazo o una amistad, o un viaje…o lo que sea.

Y acabo con un historia de amor admirable. La de James y Marjorie Landis, de Pennsylvania. 65 años juntos. Marjorie, 87, llevaba enferma un tiempo y murió esta semana. 88 minutos después, lo hizo James. Tenía 89. Tuvo un infarto. De pena, dicen. Lo último que le dijo a su mujer fue:

“Está bien. Te quiero. Hemos vivido juntos muchos años felices. Te veré muy pronto”.

Se habían conocido en 1946 en un baile. “Es casi imposible encontrar una foto de uno de los dos en la que no esté el otro” ha contado su nieta.


Vale, me rindo..Happy Valentine’s Day!