Estamos a 55 días. A 55 días de la citacon las urnas de la que saldrá el Gobierno que volverá a indignar a losindignados, que será incapaz de recortar las listas del paro, que se enfrentaráa otra huelga general y que acabará por subir los impuestos. Un “Déjàvu” como tantos otros…

Nadie duda de cómo es la divisa del “caballo ganador”, – MR-, amenos de dos meses de las elecciones del cambio del cambio. El único morbo estáen saber cómo de mayoría será la mayoríaabsoluta del Partido Popular y cómo de grande será el batacazo de Rubalcaba.Perdón, del señor Rubalcaba. Se admiten apuestas pero “El Intruso” nose sorprenderá si el PSOE heredero de Zapatero, pulveriza todos los registrosnegativos y se queda por debajo de los 125 diputados del bueno de Almunia.

Con casi todo el poder territorialperdido -apenas queda el bastión andaluz que pinta mal y el vasco que no acaba de cuajar-, la catástrofesocialista puede abocar al Partido a una travesía del desierto de varioslustros. 


Hasta el que asó la manteca sabía que la bicefalia no iba a traer nada bueno a los chicos de Ferraz. El otrora esprínter Rubalcaba tenía poco tiempo para remontar pero pensaba de veras que podía salvar los muebles. Contaba con dar un bocado a los datos del paro, con un estallido del “caso Gürtel” y con el final definitivo de ETA. Pero ni una cosa ni la otra. El desempleo sigue en caída libre, la trama corrupta de Valencia pierde fuelle desde que Camps dijo adiós y el final de la banda terrorista, además de amortizado, no parece que vaya a dar muchos votos.


Y por si fuera poco, el pobre Rubalcaba tiene en Zapatero más que a un aliado a un enemigo. El ataque de gran estadista del leonés nacido en Valladolid ha llegado en el peor momento posible para los intereses socialistas. Las medidas impopulares eran necesarias para el país pero toda una carga de profundidad para el candidato de la rosa que se apresura a vivir una noche amarga. Nada será igual después del 20-N. Rubalcaba tendrá que gestionar un resultado que en lo político le puede abocar a la dimisión y en lo personal a la depresión. Comprobará entonces como la pléyade de aduladores de los últimos años afilan sus cuchillos y se convierten en sus más crueles enemigos. No habrá piedad en Ferraz en la misma medida que se derrochará el cava a muy pocos kilómetros.


Rajoy prepara el balcón de Génova donde en la foto del triunfo se puede colar más de uno, -¿o será una?-, que se tomó muy en serio desbancarle como candidato. Rajoy hizo suya la frase de “quien resiste gana”, supo aguantar y tuvo el punto de suerte que se necesita para triunfar . “Mariano siempre creímos en ti”, “Mariano cuenta conmigo para lo que necesites” “Mariano serás el mejor presidente”, le dirán. El gallego no se inmutará, esbozará una leve sonrisa y recordará que las loas salen de los labios de quienes un día quisieron acabar con él. Puede que “El Intruso” se equivoque pero parece que la noche del 20 al 21 uno,-Rubalcaba-, sufrirá con el sabor del néctar convertido en veneno. Otro,- Rajoy-, hará el camino inverso y verá como la hiel se convierte en miel. Aduladores convertidos en traidores y enemigos reconvertidos en chaqueteros. Así es la política. Así es la vida.